No te rindas, Mario Benedetti


Este es un poema, de Benedetti, que me gusta mucho, pero me vais a permitir que copie aquí otro, Hombre que mira más allá de sus narices.

Siempre es bueno mirar más allá de nuestras narices, más allá de nuestro propio ombligo; mirar la vida cara a cara, soñando ese día que sabemos que existe agazapado, esperando sólo una palabra nuestra que le anime a ser amanecido.

Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud

sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
y que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mí

y lo que es mucho peor
que pensarán en mi los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas

menos mal
que me conozco

menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino también las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto

será buena
tan buena la jornada
que desde ya
mi soledad se espanta.

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Del sueño a la acción


Debo confesar que no hace tanto que conocí al terapeuta Jorge Bucay. Fue en la pasada edición del programa de televisión “Ratones coloraos” (Canal Sur), que conduce tan magistralmente Jesús Quintero. Esta temporada ha sido inaugurada con la entrevista del citado terapeuta y escritor argentino. Podéis ver esta entrevista en Youtube, merece la pena (7 de octubre de 2009):

He elegido este texto que quiero compartir con vosotr@s:

Rendirse jamás

Autor: Jorge Bucay

Nuestra vida está llena de sueños. Pero soñar es una cosa y ver qué hacemos
con nuestros sueños es otra.

Por eso, la pregunta es, qué hicimos, qué hacemos y qué haremos con esa
búsqueda llena de esperanzas que los sueños, ellos, prometieron para bien y
para mal a nuestras ansias.

El sueño del que hablamos no es una gran cosa en sí mismo: una imagen de algo que parece atractivo, deseable o por lo menos cargado de cierta energía propia o ajena, que se nos presenta en el mundo del imaginario. Nada más y
nada menos.

Pero si permito que el sueño me fascine, si empiezo a pensar “qué lindo sería”, ese sueño puede transformarse en una fantasía. Ya no es el sueño que sueño mientras duermo. La fantasía es el sueño que sueño despierto; el sueño del que soy conciente, el que puedo evocar, pensar y hasta compartir. “Qué lindo sería” es el símbolo de que el sueño se ha transformado.

Ahora bien, si me permito probarme esa fantasía, si me la pongo como si  fuese una chaqueta y veo qué tal me queda, si me miro en el espejo interno para ver cómo me calza y demás… entonces la fantasía se vuelve una ilusión. Y una ilusión es bastante más que una fantasía, porque ya no la pienso en términos de que sería lindo, sino de “cómo me gustaría”. Porque ahora es mía.

Ilusionarse es adueñarse de una fantasía. Ilusionarse es hacer propia la imagen soñada.

La ilusión es como una semilla: si la riego, si la cuido, si la hago crecer, quizás se transforme en deseo. Y eso es mucho más que una ilusión, porque el “qué lindo sería” se ha vuelto un “yo quiero”. Y cuando llegó ahí, son otras las cosas que me pasan. Me doy cuenta de que aquello que “yo quiero” forma parte de quien yo soy.

En suma, el sueño ha evolucionado desde aquel momento de inconciencia inicial, hasta la instancia en que claramente se transformó en deseo sin perder el contenido con el cual nació.

Sin embargo, la historia de los sueños no termina aquí; muy por el contrario, es precisamente acá, cuando percibo el deseo, donde todo empieza.

Es verdad que estamos llenos de deseos, pero estos por sí mismos no conducen más que a acumular una cantidad de energía necesaria para empezar el proceso que conduzca a la acción. Porque… ¿qué pasaría con los deseos si nunca llegaran a transformarse en una acción?

Simplemente acumularíamos más y más de esa energía interna que sin vía de salida terminaría tarde o temprano explotando en algún accionar sustitutivo.

Si un sueño permanece escondido y reprimido puede terminar en un deseo que enferma, volviéndose síntoma; y aún si con suerte no llegara a somatizarse el deseo sin acción es capaz de interrumpir toda conexión pertinente con
nuestra realidad de aquí y ahora.

El deseo es nada más y nada menos que la batería, el nutriente, el combustible de cada una de mis actitudes.

El deseo adquiere sentido cuando soy capaz de transformarlo en una acción.

El deseo me sirve únicamente en la medida en que se encamine hacia la acción que la satisfaga. Nuestra mente trabaja en forma constante para transformar cada deseo en alguna acción.

Cada cosa que yo hago y cada cosa que decido dejar de hacer está motivada por un deseo, pueda yo identificarlo o no.

Fuente: Motivaciones.org

No te rindas


Agosto va pasando,
sediento, tranquilo,
y en su mente algo le dice:
los días que has vivido,
quedaron de lado para ver cómo decides.

No te pares a buscar caminos que no tienen final,
escucha siempre a tu corazón, y él te guiará.

Y que más le da, si quiere volar
pero cortan sus alas al despegar,
no te caigas no desistas
vuela alto no te rindas.
Y que más le da, si quiere soñar
pero cierran sus ojos al despertar,
no permitas que tu vida
pierda el fuego que tenía.

Ahora que se ha ido,
se siente perdido,
no es sencillo hechar de menos.
Su vida ha dado un giro,
ya nada es lo mismo,
pero nadie dijo miedo.

Y no te sientas solo en ese infierno que viste de ciudad
aqui te estaremos esperando, no mires hacia atrás.

Y que más le da, si quiere volar
pero cortan sus alas al despegar,
no te caigas no desistas
vuela alto no te rindas.
Y que más le da, si quiere soñar
pero cierran sus ojos al despertar,
no permitas que tu vida
pierda el fuego que tenía.

Y no te pares a buscar caminos que no tienen final,
aqui te estaremos esperando, no mires hacia atrás.

Y que más le da, si quiere volar
pero cortan sus alas al despegar,
no te caigas no desistas
vuela alto no te rindas.
Y que más le da, si quiere soñar
pero cierran sus ojos al despertar,
no permitas que tu vida
pierda el fuego que tenía.

Alex Ubago