El pulmón de acero


El próximo día 24 de octubre se celebra el Día Mundial de la Polio. Al recordar aquellos primeros años en que padecí el ataque del polio virus, hay una imagen que me persigue. En una sala fría del hospital se encontraba aquella máquina que tanto me horrorizaba su sola presencia. La veía como una máquina de tortura, sin saber ni comprender que era la única esperanza de vida que algunos niños tenían.

Inventados en los Estados Unidos en 1928, los pulmones de acero eran uno de los primeros equipos de protección vital. Que consisten en una cámara hermética conectada a una bomba de aire, la máquina fue diseñada originalmente para ayudar a las víctimas de la inhalación de gas. Más tarde, se hicieron famosos por mantener con vida a los pacientes de polio. En los casos graves de la enfermedad se paralizan los músculos respiratorios, por lo que el pulmón de acero “respiró” por los pacientes.

El equipo consta de una cámara metálica que, por la acción de un motor que mueve un pistón, genera a intervalos regulares una sobrepresión o una depresión de forma alternada. La presión y la frecuencia respiratoria es controlada por el médico desde el cuadro de mandos. Los pulmones reciben los efectos de la respiración artificial mediante el movimiento pasivo de las paredes de la caja torácica.

Salvo la cabeza, el cuerpo del paciente reposa en el interior del aparato en forma de tanque y está aislado herméticamente del exterior mediante un collar o manguito ajustado alrededor del cuello.

Muchos pacientes de polio se recuperaron después de pasar poco tiempo en la máquina. Sin embargo, otros pasaron el resto de sus vidas en ellas. Para estos pacientes, la máquina les había salvado la vida, pero a un precio elevado teniendo en cuenta su calidad de vida.

Incluso hoy en día algunos pacientes todavía dependen de respiradores artificiales para respirar. Sin embargo, las máquinas ya se utilizan muy poco, dado que las vacunas prácticamente han eliminado los casos de polio, y los médicos eligen utilizar ventiladores para ayudar a respirar a las personas .

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El caso de Martha Mason es sólo un ejemplo de decenas de personas que en EEUU sobreviven (o han sobrevivido muchos años) gracias a un pulmón de acero, bien por decisión propia (no quieren someterse a otro tipo de ventilación con vías aéreas artificiales), o porque ya no les queda otra (la terapia con presión negativa llevada a cabo durante años produce deformidades en el tórax que invalida el uso de otros métodos con presión positiva que pueden parecernos menos complicados y más lógicos por la infraestuctura requerida).

Diane Odell (1947-2008), y Ed Roberts (1939-1995), son otros casos similares.

Martha Mason murió a los 72 años, después de haber pasado 61 de ellos dentro de su pulmón de acero, lo que no le impidió estudiar, graduarse con honores, escribir libros y ser suficientemente feliz… (en palabras suyas)

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